Nada grita «saludable» como un poco de color bronceado en la cara y un ligero rubor en las mejillas. Pero con la evidencia de que los rayos del sol se están volviendo cada vez más peligrosos, especialmente para la piel naturalmente pálida, la Madre Naturaleza puede no ser su mejor fuente de belleza. A veces necesitas un poco de ayuda de los dioses cosméticos, y aquí es donde el rubor y el bronceador vienen al rescate.

Si no está bien versado en el amplio mundo de los cosméticos, aquí hay una base rápida sobre rubor y bronceador. El rubor se usa para dar un poco de color a tus mejillas, como si acabaras de llegar de una tarde fría.

El bronceador, por otro lado, generalmente viene en tonos marrones y tiene la intención de hacerte lucir bronceado. Es un polvo ligero que está destinado a aplicarse en la nariz, el mentón, las mejillas y la frente. Los dos se pueden usar en conjunto para lograr una apariencia natural y al aire libre, y el bronceador se puede aplicar como rubor en ciertos casos. Sin embargo, el rubor debe limitarse a las mejillas, de lo contrario, puede terminar luciendo menos besado por el sol y más quemado por el sol. La clave para usar ambos productos con éxito es encontrar el tono adecuado para tu piel.