La principal causa de muerte entre los adolescentes de 15 a 20 años son los accidentes automovilísticos, y los conductores de 16 años tienen más probabilidades de chocar su automóvil que los conductores de otras edades. Mientras que 5.864 conductores adolescentes murieron en accidentes automovilísticos en 2008, los pasajeros adolescentes que fallecieron representaron cuatro veces este número. Aproximadamente dos tercios de todos los adolescentes que mueren en accidentes automovilísticos son hombres, y el 19 por ciento de todos los accidentes automovilísticos fatales ocurren cuando un conductor adolescente está al volante.

La Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en Carreteras y el Centro Nacional de Estadísticas y Análisis informaron que en 2008, el 37 por ciento de los adolescentes varones que causaron accidentes automovilísticos fatales manejaban a exceso de velocidad, el 31 por ciento de los conductores adolescentes que murieron en accidentes automovilísticos habían estado bebiendo alcohol y cuando el las muertes de pasajeros se suman a este número, el porcentaje de adolescentes muertos como resultado de beber y conducir salta al 60 por ciento, con un promedio de ocho adolescentes que mueren cada día como resultado de conducir ebrio. Con cada pasajero adicional que conduce un joven de 16 o 17 años, la tasa de muertes aumenta, en parte debido al aumento de las distracciones y en parte debido a la necesidad percibida de impresionar a los pasajeros con una conducción arriesgada.

Si bien un adolescente que bebe suficiente alcohol para tener una concentración de alcohol en sangre de 0,05 (entre dos y tres tragos) no está legalmente borracho (concentración de alcohol en sangre de 0,08 en la mayoría de los estados), tiene 18 veces más probabilidades de tener un accidente y una adolescente tiene 54 veces más riesgo de chocar que su contraparte sobria. Además de las estadísticas de muertes causadas por adolescentes que beben y conducen, más de 1,300 lesiones ocurren diariamente a los conductores adolescentes. La buena noticia es que desde el año 2000, la cantidad de muertes de adolescentes por conducir ebrio ha disminuido, pero la mala noticia es que las cifras siguen siendo demasiado altas.